Los problemas técnicos te despistan de lo principal (Cómo empecé mi podcast)

Cuando los problemas técnicos te despistan de lo principal. Cómo empecé mi podcast. Eduardo Arazola.

Es muy probable que si te has planteado empezar un podcast hayas oído eso de que «el micrófono no es lo importante», o más genéricamente, la expresión «no es la fecha, es el indio».

Índice de este artículo

El podcast requiere de un micrófono para grabarse.

Vale, de acuerdo, el micrófono no es lo importante (lo importante es el contenido), pero para grabar un podcast necesitas un micrófono y, a primera vista, no es un cacharro que todo el mundo tenga en su casa, ni tampoco algo de lo que se sepa mucho.

Así que una pregunta que surge al principio es «¿Qué micrófono me compro?».

Es probable que estés al tanto de los últimos modelos de coches eléctricos, o de los smartphones más molones, pero… ¿de micrófonos?

Probablemente, de micrófonos, en principio, no.

Comprar un micrófono equivocado y lo que puede arrastrar.

Los podcasters a los que yo escuchaba estaban tan centrados en insistir en esta idea de que el micrófono no es lo importante que no daban pistas acerca de qué micrófonos comprar.

Para colmo, los podcasters norteamericanos que sí se animaban a hablar de ello, recomendaban modelos que no estaban asequibles en España, que es el país en el que vivo.

Así que llegó a darme la sensación de que, como el micrófono no es lo importante, daría igual cuál fuera.

Llegó un micrófono que no servía.

Como mi familia sabía que tenía la intención de grabar un podcast, y que lo estaba demorando ya demasiado por no tener un micrófono (yo creía que no tenía micrófono), me regalaron uno por mi cumpleaños.

Un micrófono muy económico, y con un aspecto estético bastante chulo.

Pero el sonido no iba bien.

Lo primero que pensé es que sería algo que yo estuviera haciendo mal, ya que era novato en todo esto.

Preguntando, me dijeron que ese tipo de micrófono (de condensación, y con conexión XLR (teóricamente más potente que la USB)) necesitaba de una fuente de alimentación adicional para funcionar bien.

Vaya, el micrófono económico empezaba a no ser tan económico.

Tras adquirir la nueva fuente de alimentación y su cableado adicional correspondiente, empecé a hacer pruebas de grabación, y eso no iba bien.

Seguía sonando mal.

Demasiado bajo, con mucho ruido, etc.

Empecé a sospechar que el fallo estaba en el micrófono en sí, que era demasiado malo.

¿Micrófono malo o micrófono inadecuado?

Creo que un micrófono como el que yo tenía, que grababa mal, no vale para gran cosa (diría que no vale para nada).

Pero sí que quiero ir mencionándote que algo importante cuando adquieras un micrófono es que sea adecuado para lo que tú lo quieres usar.

De hecho, ni siquiera el precio es algo que te guíe.

Si tu intención es grabar un podcast en tu casa o en tu oficina, y adquieres un micrófono de 7000€ o de 8000$, que son micrófonos excelentes, tu podcast se escuche muy mal: no te valen.

No son adecuados para ti, para grabar tu podcast en tu oficina o en tu casa, pero para grabar música en un estudio son impresionantes.

Hay muchos micrófonos buenos para algunas cosas y malos para otras, es labor tuya elegir bien para su uso.

El segundo micrófono.

Después de haber hecho ya tantas pruebas y no conseguir que ese micrófono grabara con una calidad de sonido mínima, en otro cumpleaños (que todo esto no duró dos días ¿eh?) me regalaron otro micrófono, esta vez orientado por mí y basado en un curso de podcasting que había hecho (por cierto, he hecho varios cursos de podcasting antes de grabar mi podcast, y creo que son de utilidad) en el que se hablaba un poco de micrófonos.

Era un micrófono dinámico (no de condensación) y directamente USB (que se suponía que suenan peor).

Lo conecté al ordenador, probé a grabar…

…¡¡¡Y se escuchaba estupendamente!!!

Sin complicaciones, plug&play, y ya está.

En efecto, no sería el mejor micrófono del mundo, pero a mí me valía.

Pero todavía no empezó el podcast.

Me mudé, cambié de casa, de oficina, de ciudad…

Cuando pensé que ya se daban las condiciones para grabar el podcast, conecté el micrófono al ordenador y…

…no se oía nada.

¿Qué falla, el micrófono, el cable USB?

Le di mil vueltas, y al final compré un cable USB (tenía una entrada al micrófono algo antigua, no era el USB C que era ya el estándar), e hice la prueba.

Sonaba, ya grababa.

Peeeeeeroooooo….

El espacio es más importante que el micrófono.

Este artículo no es un curso de podcasting, ni pretende serlo.

Pero hay conceptos que hay que mencionar, y uno de ellos es que el espacio influye mucho más en la calidad del sonido del podcast que el micrófono, y es mucho, mucho, mucho más difícil de controlar.

Es mucho más fácil cambiar de micrófono que adecuar un espacio acústicamente.

En mi caso, por las circunstancias, era muy difícil… casi imposible.

Los micrófonos tienen mala leche al grabar.

Si no has tenido mucho trato con micrófonos, imagino que tenderás a pensar lo mismo que creía yo, que el micrófono registra los mismos sonidos que oyes tú con tus oídos.

No, no es así.

Y no solo no es así, sino que tienen cierta mala leche al registrar el sonido.

Cuando tú grabas, hay sonidos que quieres que se oigan y se perciban bien (tu voz, en el caso de un podcast, sería el ejemplo claro), y sonidos que no.

Pues el micrófono suele tener una opinión distinta a la tuya.

Uno de los más grandes podcasters en español, Óscar Feito, cuenta en un libro muy interesante, Mimbres Mentales, cómo el goteo de un radiador en su casa puso en peligro la grabación de una entrevista para su podcast (probablemente el micrófono habría amplificado el sonido del goteo al rugir de una gran catarata).

Y es que a veces hay sonidos que tú no oyes, o que oyes muy poco, pero que los micrófonos sí que te incluyen en la grabación.

El micrófono capta algunos de esos sonidos y los amplifica al punto de ser molesto para la comprensión de tus palabras en el podcast.

Yo tengo experiencias muy similares, con montones de sonidos que se cuelan en las grabaciones y que suenan muchísimo, cuando parecen imperceptibles al oído normal.

Te pones a grabar, y piensas que ese piar de pajaritos que se oye en la calle no va a impedir que se te escuche bien, y cuando escuchas lo que se ha grabado parece que estés en la jungla en vez de en una ciudad.

Tu voz tal vez sea complicada de grabar con claridad, pero si alguien pasa por la calle hablando con quien sea, el micrófono lo capta perfectamente y parece que estés en un centro comercial lleno de gente hablando.

La regulación de la ganancia del micrófono.

La ganancia del micrófono viene a indicar algo así como la distancia a la que capta los sonidos, la intensidad a la que los registra…

Si el micrófono tiene una ganancia baja, tienes que acercarte mucho para que te capte, porque solo graba lo que sucede cerca.

Si el micrófono tiene una ganancia alta, puedes hablar desde más lejos.

Pero con la ganancia alta, también capta otros sonidos que están lejos, no solo tu voz, y ya tenemos el lío otra vez.

Si quieres grabar un podcast, y el aislamiento acústico del espacio es complicado, un micrófono con ganancia baja te ayuda mucho.

Eso sí, tendrás que hablar alto, y eso puede condicionarte la grabación (sobre todo si pensabas grabar por las noches).

Mi micrófono grababa muy bien, pero no tenía regulación de ganancia, y se colaban sonidos de todo tipo.

No podía grabar mi podcast.

Llegó el súper-micrófono para podcasters.

El primer curso de podcasting que cursé comenzaba con la imagen de un micrófono, que decía que era estupendo, pero que era muy caro (unos 300€) y que (adivina) NO HACÍA FALTA.

De hecho, el profesor, Joan Boluda, un excelso podcaster en habla hispana, decía que él tenía uno y que no lo usaba.

Pues llegó otro cumpleaños y, en este caso unos amigos, me regalaron ese micrófono, que tiene regulación de ganancia y diferentes patrones de grabación.

Para grabar podcast, es estupendo.

Así que ya tenía un súper-micrófono para podcast, y de hecho tenía la sensación de que yo tenía mejor micrófono que muchos de los estupendos podcast que escuchaba, y eso me daba qué pensar, puesto que yo ni siquiera tenía un podcast.

No era lo mejor para mí. La solución técnica.

El micrófono es estupendo, y ya lo uso con regularidad, pero no fue así en el principio.

¿Por qué?

Porque la acústica del único sitio en que podía instalar el micro era tan mala (el aislamiento, en este caso) que ni siquiera esa maravilla tecnológica podía arreglar el problema.

¿Cuál fue la solución?

El teléfono móvil.

Probé una App para grabar, y el sonido era decente.

Pero no dejaba grabar en formato «mp3», para eso había que adquirir la versión de pago.

Pues lo hice, aquí donde me veis, compré una App para el teléfono móvil.

Y empecé a grabar el podcast.

El móvil me permitía desplazarme mientras grababa, y además, la App incorporaba el regulador de ganancia (increíble, ¿no?).

El móvil me permitía grabar mientras huía de los ruidos, cambiando de sala en sala buscando la que tuviera un aislamiento mejor EN ESE MOMENTO.

Si me hubieras visto grabando, parecía que se hubiera colado una avispa y me fuese persiguiendo de sala en sala.

Pero no era de una avispa, sino de los sonidos intrusos de lo que huía.

La App, por cierto, me costó unos 8$ (unos 8€, no recuerdo con exactitud).

Empecé a grabar, y grabé más de 20 episodios del podcast así.

La calidad del sonido es manifiestamente mejorable, pero es suficientemente buena y se me entiende bien cuando hablo, y ya eran años de retraso en comenzar, así que grabé y publiqué los primeros episodios de mi podcast.

De hecho, he podido grabar incluso de viaje, en hoteles, etc., puesto que el teléfono móvil va conmigo, y regulando la ganancia del micrófono incorporado en el teléfono móvil, y también grabando desde cerca del micrófono, se consigue una calidad mínima suficiente.

Es decir, que si no escuchas mi podcast no es por la mejorable calidad del sonido, sino porque el contenido no te interesa.

Porque, no olvidemos, lo importante no es el micrófono sino el contenido.

¿Y no podría haber llegado la solución muuuuucho tiempo antes?

Si has llegado leyendo hasta aquí (ya tienes mérito), estarás preguntándote si no podría haberme ahorrado aquel primer micrófono y sus accesorios, el segundo micrófono (que grababa bien) y hasta el súper-micrófono para podcasters que me regalaron mis amigos, si al final la solución era una App de 8€ para el teléfono móvil…

La respuesta es que SÍ, claro que podría haber comprado la App para el móvil al principio, antes incluso de ponerme a estudiar qué micrófonos había en el Mercado.

Al principio te mencioné que «no tenía micrófono», o que «eso creía yo».

Es evidente que sí, tenía micrófono: el del teléfono móvil.

Pero di por hecho que necesitaba un micrófono específico para grabar.

Ahora, después de todo el periplo que te he contado, me parece evidente lo que hace unos años me parecía imposible.

Pero, ¿qué quiere decir todo esto?

¿Me hubiera dado cuenta de que era todo más sencillo sin todo el recorrido?

Creo que no.

¿Por qué?

Porque los problemas técnicos, aunque no fueran realmente tan sustanciales, ocuparon mi mente.

De eso va todo esto.

Los problemas técnicos pueden desviar tu atención de lo importante.

Al principio tuve más o menos claro de qué quería hacer el podcast, qué formato le iba a dar, etc.

Entonces, empezó toda la historia del micrófono y los problemas que aquel primer modelo me dio.

Poco a poco, mi atención se fue centrando en cómo resolver los problemas técnicos, ya que, mientras no los resolviera, daba igual el contenido de un supuesto podcast que no se podía grabar por falta de micrófono.

Así que dediqué mi tiempo y mi estudio a aprender lo que pude acerca de cómo funcionaban los micrófonos, los tipos que había (por si había elegido mal), cómo grababan unos y otros, vi un montón de reviews y comparativas entre tipos y modelos, etc.

Por cierto, que el mundo de los micrófonos es en sí mismo bastante interesante, a mi parecer.

Cuando por fin tuve un súper-micrófono encima de la mesa, entonces me di cuenta de que había perdido la claridad acerca del podcast.

Entonces ¿el micrófono es importante o no?

Lo importante es el contenido, y contarlo en el formato que mejor pueda entenderse.

Hay podcast diarios de 15 minutos, otros semanales de 1 hora, otros mensuales de 3 horas, algunos también diarios de 5 minutos…

Cada podcaster elige el formato según cree que sea lo más interesante o lo más digerible por su audiencia.

Algunos deciden cambiar el formato después de un cierto tiempo si creen que es una mejora.

Y todo ello está bien.

Hay mucho que pensar, planificar, preparar, y hasta editar… es bastante trabajo.

Y trabajo de concentrarse y… sí, pensar, planificar… etc.

Pero si tienes problemas técnicos, como un micrófono que no funciona o una «sala de grabación» en la que se oye todo más que a ti hablando, entonces esa concentración se pierde.

Entonces tu mente la ocupa el problema técnico y cómo solucionarlo, y toda esa planificación, preparación de los episodios, etc… se ve perjudicada.

Y mucho.

La parte técnica no es la primordial para un podcast, de acuerdo, pero siempre y cuando funcione sobre un mínimo de fiabilidad y calidad.

¿Tan difícil es elegir bien el micrófono?

Sí, y no.

Si quieres elegir el micrófono óptimo para tu situación, la mejor opción del Mercado para ti, entonces la respuesta es que sí, es muy difícil.

Tan difícil que creo que no merece la pena planteárselo.

¿Por qué?

Porque es muy fácil acertar con algún micrófono que te de un mínimo nivel de calidad que te permita grabar.

No será la mejor opción que exista, pero será válida.

Y eso sí que es muy fácil.

Realmente, lo que me pasó a mí con mi primer micrófono es algo que se puede considerar extraño.

Lo habitual es que el micrófono que elijas, dentro de unos mínimos, te funcione lo suficientemente bien desde el principio.

El gran podcaster en habla hispana que tenía un súper-micrófono pero no lo usaba, no lo usaba porque grababa su podcast con el micrófono de los auriculares de su teléfono móvil.

Y es un podcast muy, muy, muy escuchado y exitoso.

Otro gran podcaster en habla hispana grababa un episodio diario en la calle, con ruido de la calle de fondo, evidentemente con su teléfono móvil o algún micrófono de solapa, o una grabadora de mano, y también era muy escuchado y exitoso.

Son tan escuchados y exitosos porque su contenido interesa a sus oyentes, y el formato del podcast se adecua bien a su audiencia.

Céntrate en lo que tienes, y no tanto en lo que no tienes.

Este asunto da para mucho, pero te lo menciono aquí porque es relevante si estás pensando en empezar un podcast.

La gente no suele tener un micrófono de grabación en su casa salvo que se dedique a ello profesionalmente, o sean cantantes, o periodistas, etc.

En el momento en que te planteas grabar un podcast, es probable que te falte el micrófono.

Pero si en vez de centrarte en que te falta un micrófono te centras en lo que tienes, puede que sea más de lo que pensabas.

Del mismo modo que la gente no suele tener un micrófono en casa, sí que suele tener un teléfono móvil.

Y los teléfonos móviles incorporan micrófonos.

Con una App adecuada, se puede grabar bien, y el mucho más barata que un micrófono, puede incluso que tu modelo de teléfono móvil traiga incorporada de serie alguna App buena para grabar.

Tampoco es probable que tengas una habitación bien insonorizada, o sin reverberación…

Sí, los micrófonos también tienen la costumbre de amplificar la reverberación cuando graban (ya sabes que los micros tienen mala leche al grabar).

¿Sabes qué?

Eso es un problema que muchos de los grandes podcasters han tenido que afrontar, sea de manera puntual o continuada.

Incluso los que ya tienen un estudio de grabación acondicionado se encuentran con tener que grabar cuando están de viaje, desde una habitación de hotel o similar.

El gran podcaster Joan Boluda contaba a menudo cómo cuando tenía problemas de reverberación (como en un hotel, por ejemplo) se tapaba con las sábanas y grababa debajo, porque eso reduce el efecto.

Otro de los grandes, Óscar Feito, también mencionaba haber tenido que grabar desde un armario por problemas de acústica en alguna ocasión.

Te puedes imaginar que los demás también hemos tenido que recurrir a probaturas caseras para buscar soluciones.

En el genial libro Mimbres Mentales, Óscar Feito cuenta cómo cuando se puso a grabar su tan popular podcast, sus vecinos se pusieron a hacer obras, con el inconveniente acústico tan notable que ello provoca.

Y que, cuando un vecino terminaba su obra, la empezaba otro… y así parecía que lo hicieran para no dejarle grabar en condiciones óptimas (evidentemente no era así).

Personalmente, probé a grabar bajándome temprano al coche y grabar mientras estaba aparcado antes de ir a la oficina, pero no funcionó porque el sonido de lo que pasaba fuera del coche (personas hablando, coches pasando, autobuses…) era captado por el micrófono del teléfono con mucha avidez.

No tienes una sala acústicamente preparada, es lo que no tienes.

Pero tal vez sí tengas la posibilidad de echar una manta o una sábana para grabar debajo, o haya una calle silenciosa cerca de tu casa, o tal vez tengas un garaje y tú sí puedas grabar desde tu coche sin el ruido de los autobuses pasando, o tal vez en tu lugar de trabajo haya alguna sala que puedas usar, o tal vez haya algún momento en que tu casa esté más silenciosa y puedas aprovechar, o tal vez…

Si te centras en lo que sí tienes, es probable que encuentres soluciones factibles antes de lo que creías.

Después, puede llegar un momento en que superes a la técnica y necesites ampliar tu equipo, pero para entonces, si llegas de esta manera, tu criterio para la adquisición de ese nuevo equipo será mucho más claro que si lo quieres hacer desde el principio.

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