No caigas en la trampa: mejor jefes que “gefes”.

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Otro nuevo vocablo

Habrás leído, especialmente en los últimos tiempos, que se ha puesto de moda una nueva palabra: el “gefe”.

 

Con esto, se quiere referir a una persona como “gestor de felicidad”, y la corriente que la sustenta aboga por sustituir a los actuales “jefes” por “gefes”.

 

Demasiado poder.

Más allá de que te habrás acostumbrado ya a este tipo de palabras que surgen cada cierto tiempo (cada vez a intervalos más cortos), y que están en boca de muchos, como la nueva Verdad Absoluta, vamos a pensarlo un poco.

 

El poder que tiene sobre ti tu jefe es el de darte “órdenes” en el ámbito laboral.

 

La amenaza que tu jefe siempre suele tener flotando sobre tu cabeza es el despido, sea porque tenga la potestad de realizarlo directamente, o porque tenga el canal para transmitir la información que considere a aquellos que sí tengan la potestad de despedirte.

 

Pasamos una gran parte de nuestra vida en el ámbito laboral, y por tanto, el ambiente de trabajo es algo relevante para nuestra felicidad.

 

Pero no deja de ser un agente externo, un factor que no está en nosotros.

Tu jefe no tiene el poder de gestionar tu felicidad, tu felicidad la gestionas tú.

 

Camino de ida y vuelta.

He conocido empresas que se olvidan de que la relación empresa-empleado es algo bidireccional. Es un error.

 

De la misma manera que un jefe siempre tiene sobre tu cabeza la amenaza de un despido, el empleado tiene la potestad de marcharse de esa empresa.

 

Parece una afirmación utópica hecha a la ligera, pero no lo es. Te lo digo por experiencia.

 

Una parte de tu vida.

Es cierto que, como decía antes, pasamos una gran parte de nuestro tiempo trabajando.

De hecho, cuando oigo cómo se hacen las cuentas de estas cosas, todavía me sorprendo de ver que se dice que, como las jornadas laborales suelen ser de 8 horas, y el día tiene 24 horas, pasamos un tercio de nuestra vida trabajando.

Según esto, si quitamos otras 8 horas de sueño, quedan todavía otras 8 horas al día, libres.

 

Seguramente, si repasas cómo es un lunes o un martes tuyo, y buscas esas 8 horas libres, te resultará difícil encontrarlas.

 

El trabajo, en muchos casos, nos ocupa todo el tiempo: no son solo las 8 horas que se consideran. Hay que ir (tiempo de desplazamiento), hay que comer a mediodía (tiempo que no consideraría libre), hay que volver a casa (más tiempo de desplazamiento)…

 

Cuando una persona se levanta a las 6h o las 7h, y vuelve del trabajo a las 19h, las 20h, las 21h… (hay quien incluso más), puede constatar que su trabajo le lleva fácilmente 12 horas al día, 14 horas al día… el caso es que la rutina diaria no deja tiempo para mucho.

 

No obstante, piensa que, aunque sea mucha parte, es eso, una parte de tu vida, no toda: una parte.

 

Por lo tanto, la empresa en la que trabajas tiene poder sobre tu felicidad en una parte, solamente.

 

Otorgar a la empresa que exista una figura nueva, un “gefe”, un gestor de tu felicidad, no me parece ningún avance, sino todo lo contrario.

 

El jefe tiene sus funciones.

La figura del jefe se plantea habitualmente como “alguien que da órdenes”, o “a quien hay que obedecer”. Y ya está.

 

No deja de ser un problema ver las cosas tan parcialmente, porque el jefe está ahí para organizar, poner orden en una maraña de tareas necesarias que deben realizarse para cumplir el objetivo que sea, y que sin ese orden organizativo sería difícil hacer.

 

Efectivamente, te pueden venir a la mente algunos jefes que no se corresponden con esto. Pero es un problema de empresas y personas concretas, que no entienden para qué está ese jefe ahí; lo cual es un problema para todos.

 

Además, la gran mayoría de los jefes tiene, a su vez, otros jefes… y así sigue la cascada.

 

Otro estereotipo.

Olvida ya la idea tan estereotipada de que tu jefe es alguien que está ahí para amargarte la vida.

 

Si te dejas atrapar por este tipo de convencionalismos, cualquier alternativa que te propongan te parecerá mejor. No caigas en eso.

 

Fuera del trabajo.

Es curioso como se puede estar a la vez en una corriente que quiere que se limite lo más claramente posible la interacción de las empresas con sus empleados, como dejar completamente claro que no se tiene obligación de leer correos electrónicos de trabajo fuera del horario laboral, (cosa que rambién me extraña que no se tuviera clara hasta ahora)…

 

Y a la vez, decir que cambies a tu jefe por un “gestor de tu felicidad”. La felicidad trasciende tu trabajo, la empresa que te tenga contratado, etc. La felicidad afecta a toda tu vida.

 

Deja que tu jefe siga siendo un concepto laboral, y encárgate tú mismo de gestionar tu felicidad.

 

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