RRHH y salir de la “zona de confort”

Del dicho al hecho, va mucho trecho.

Son muchas veces los propios departamentos de Recursos Humanos los que animan a “salir de la zona de confort”, para probar cosas nuevas, adquirir habilidades diferentes, ser proactivo…

Y son también esos mismos departamentos de Recursos Humanos los que penalizan a quienes dan ese paso.

 

Prejuicios.

Al igual que ocurre en otras áreas, los departamentos de RRHH no se libran de los prejuicios, del uso de aforismos, etc.

Si asistes a conferencias que traten temas de empleabilidad, recursos humanos y cuestiones de este ámbito, seguramente oirás frases como “los mejores no están en la fila del Paro (el Paro es como se suele llamar en España al conjunto de personas que no tiene un empleo, y refleja la tradicional imagen de estar en la fila de una Oficina de Empleo, con la esperanza de que haya buenas noticias para ellos)”, o también “si eres el mejor del mundo, seguro que tendrás trabajo”, y unas cuantas más.

Uno de esos prejuicios es sospechar de los motivos por los que alguien “sale de su zona de confort”.

 

Las clases en las actividades.

Aun se arrastra muchísimo la estratificación en clases de las actividades, por imposición social, que sugiere que unas personas son más importantes que otras según el puesto de trabajo que tengan, o según la actividad que realicen laboralmente.

Si alguien da por hecho que un contable, que trabaja en una oficina con grandes ventanales y que viste zapatos limpios, está más alto en la escalera social que un carpintero, que trabaja rodeado de ruidos y de serrín, ¿cómo va a entender que un contable deje su actividad en la oficina y se dedique al oficio de trabajar la madera?

 

Tenlo claro: es SU problema.

¿Estás haciendo algo mal si das ese paso?

No.

Si alguien no lo entiende, el que tiene el probema es él, no tú.

Vale, es probable que por culpa de esos prejuicios suyos no te contraten en un puesto que pudiera ser compatible con tu valía, pero no es por tu culpa, sino por la suya.

 

El encasillamiento de la experiencia inicial.

Seguro que te suena lo siguiente: alguien termina su carrera, de lo que sea; entra a trabajar, seguramente en prácticas, en una empresa a desarrollar una determinada actividad, durante un tiempo.

Pasado ese tiempo, empieza a cambiar de empresa, va haciendo entrevistas de trabajo, y sin embargo, jamás cambiará de actividad.

Y esto es porque se valora mucho la experiencia, y por tanto, tiene experiencia en eso que ha hecho, lo único desde que empezó a trabajar.

Por tanto, se llega al sentimiento, en los jóvenes que empiezan, de que su primer trabajo les encasillará de por vida.

 

Visión demasiado clasificadora.

A ver, me estás diciendo que de lunes a viernes vas conduciendo un coche a tu lugar de trabajo, y que los fines de semana haces kilómetros en bicicleta.

¿En qué quedamos, eres conductor o ciclista?

Pero ¿no es compatible en la misma persona? ¿Te parece que tenga sentido tener que encasillarte en lo uno o lo otro?

Si decides dejar el coche en casa y dar el paso de ir a trabajar en bicicleta, un entrevistador de RRHH malo sospechará:

  • Será que no era bueno conduciendo coches.
  • Será que ha tenido un accidente con el coche y habrá cogido miedo.
  • Será que ya no ve bien y no se atreve a conducir.
  • Será que no tiene dinero para combustible, y se ha visto obligado a ir en bicicleta.

Y todo esto es porque tiene el prejuicio de que: “si hubieras sido buen conduciendo coches, seguirías haciéndolo”.

No pensará que lo haces por salud, o por tu compromiso con el medio ambiente, o simplemente porque te gusta.

No se dará cuenta de que tal vez tu bicicleta te cueste más dinero que tu coche, y pensará que es que no tienes dinero para ir en coche. Pero, como ves, quien padece de desconocimiento es él, no tú.

 

Evolucionar también es salir de la zona de confort.

Es posible que antes fueras al trabajo en coche porque la zona donde está tu oficina no tenía problemas para aparcar.

Pero de un tiempo a esta parte ha habido cambios en el entorno y resulta que ahora la zona está llena de coches, y cuando llegas a la oficina te cuesta mucho tiempo encontrar una plaza de estacionamiento libre.

¿Qué haces? Piensas, buscas alternativas, y tal vez te parezca una opción plausible empezar a ir en bicicleta (es un ejemplo, nada más).

Quien lo vea desde fuera, puede verlo desde puntos de vista diferentes, según su mentalidad:

  1. Las condiciones de contorno han cambiado, y esta persona evoluciona con ello.
  2. Algo raro le pasa a éste, que ya no trae coche ¿Habrá tenido un accidente? ¿No tendrá dinero para combustible?

 

Cuenta con ello.

Si sales de tu zona de confort, debes contar con que, además de los problemas propios de hacerlo, es bastante probable que no solo no se te valore, sino que se sospeche de ti y de tus motivaciones.

Cuenta con ello, es parte del proceso, que no te pille por sorpresa.

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